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"Morir en paz, ley necesaria", opinión de la consellera de Sanidad

Castellón, 21/12/2016. La consellera de sanidad de la Generalitat Valenciana, Carmen Montón, publicó, el pasado 17 de diciembre en Levante-EMV, un artículo de opinión sobre la atención al paciente al final de la vida, que por su interés reproducimos: Yo acepto que no me van a curar, pero me costaría aceptar que no me cuiden». Esta frase tan breve pero que da tanto que pensar pertenece a Alberto Jovell, «el médico que dio voz a los pacientes», como fue definido en uno de sus obituarios. Dejó esta reflexión como parte de su legado poco antes de morir joven a causa de un tumor contra el que peleó muchos años. 

Esos cuidados al final de la vida y su compatibilidad con la dignidad del ser humano conforman el principio rector sobre el que se ha redactado el borrador del anteproyecto de ley de la Generalitat sobre la atención al final de la vida. Difícilmente podremos considerar que una vida es digna si no podemos morir con dignidad.

Ha sido este debate social motor de un texto que viene a dar utilidad a la gestión de lo público. Lo hace al encauzar este tipo de conflictos a través de una legislación específica que garantice la libertad de las personas en el último tramo de su existencia. Sería deseable que el ciclo de la vida expirase con las mismas atenciones y cuidados que recibimos en nuestro nacimiento. ¿Quién puede oponerse a ello? Morir sin dolor, en la intimidad, con respeto a la dignidad y los valores de cada uno. En suma, eliminar en lo posible el sufrimiento. Deseos personales a los que una Administración debe dar carta de naturaleza.

Así lo hemos entendido desde este Gobierno del cambio con este futuro proyecto de ley. En absoluto se trata de regular la eutanasia o el suicidio asistido, unas cuestiones que, por otra parte, exceden las competencias legislativas de la Administración autonómica. Hablamos de avanzar en la atención paliativa con el fin de proteger la vida de las personas hasta el último momento.

Facilitar la posibilidad de morir sin sufrimiento y en paz a quien así lo haya decidido en el ejercicio de su libertad individual es, sin duda, un requisito irrenunciable. Ninguna práctica encaminada a este fin puede ser considerada contraria al respeto hacia la persona y a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Todo lo contrario. Deben ser tenidas por buenas praxis clínicas y actuaciones profesionales al amparo de la legalidad vigente.

La integración de los derechos de autonomía personal, dignidad humana e intimidad en el código ético de la asistencia sanitaria resulta hoy un objetivo más que prioritario, imprescindible. En este escenario de debate social, de preservación de la libertad individual y de la dignidad del ser humano a lo largo de su vida, y de su muerte como parte final de ella, se enmarca el texto elaborado por la conselleria. Un borrador que servirá de base a un ambicioso proceso de participación en el que queremos contar con todas las voces y todas las sensibilidades.

Un grupo de 19 personas expertas ha trabajado con la profesionalidad e intensidad que demanda una regulación de tanto calado social. Nombrar sólo a algunas de ellas siempre implica ser injusto con el resto, pero aportaciones tan valiosas como la de la filósofa Adela Cortina o de la reconocida socióloga María Ángeles Durán dan una idea de la altura de este debate. Un proceso participativo que ha tenido su continuidad en la difusión del borrador a colegios profesionales, partidos políticos, sindicatos, sociedades científicas o asociaciones, entre otros colectivos, para que lo conozcan en detalle y contribuyan a su resultado final.

Tampoco acabará en esta fase el proceso ya que, al trámite institucional ordinario, se sumará la apertura a la ciudadanía para que, a través de sus sugerencias individuales, el anteproyecto nazca con el mayor índice de consenso social posible. Todas las sensibilidades importan.
El contenido de este borrador define con detalle la planificación del tramo final de la vida. Aborda cuestiones como el derecho a recibir cuidados paliativos integrales y elegir el lugar donde recibirlo, el derecho de la persona a realizar una planificación anticipada de decisiones con el personal que le atiende habitualmente y a que se recoja en la historia clínica. También a una habitación de uso individual que garantice el confort y la intimidad adecuada, o la garantía de recibir el acompañamiento personal o espiritual que cada paciente estime. 
Otro de los aspectos contemplados es evitar la llamada obstinación terapéutica cuando no exista la posibilidad de curación, mejoría o recuperación, respetando siempre la voluntad del paciente, o en su defecto sus familiares o la persona que él designe. En suma, respeto a la dignidad del ser humano y al ejercicio de su libertad individual. La muerte es la etapa final de la vida y queremos garantizar los derechos de toda persona hasta el último instante.


 

 
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