LA CARTUJA FEMENINA DE SANTA MARTA DE BENIFASAR

MONASTERIO CASTELLONENSE

beni1.JPG (9415 bytes) Mencionar el monasterio de Santa María de Benifasar, es remontarnos muchos siglos atrás en la historia de nuestra provincia y en la de toda la Comunidad Valenciana, es evocar, al mismo tiempo, unos de los parajes más pintorescos de nuestras tierras.

Emplazamiento

Santa María de Benifasar se halla en el Bajo Maestrazgo, dentro de la comarca denominada "La Tinen9a", zona geográfica situada en las últimas estribaciones de la cordillera Ibérica donde Valencia limita con Aragón y Cataluña. Por todas partes la cierran montes altos, calizos, cubiertos con la clásica vegetación mediterránea, y profundos barrancos cuyas aguas forman el río Cenia que, por Ulldecona y Alcanar, vierte sus aguas en el Mediterráneo.

El clima seco y duro y los fuertes vientos del norte limitan extraordinariamente la agricultura reducida casi al cultivo del almendro. Pero los pinos de los bosques, han dado siempre excelente madera de construcción y la ganadería se ve favorecida, en los años lluviosos, por una cierta abundancia de pastos.

RESUMEN  HISTÓRICO

El castillo árabe de Beni Hassan, situada en la cumbre de una pequeña colina, ha dado nombre a esta región y en concreto al primer monasterio en tierras valencianas: Santa María de Beni-Fasar,

I °.- Santa Marfa de Benifasarprimer monasterio de Valencia

Santa María de Benifasar, es un lugar consagrado durante siglos por la oración y la alabanza divina. En abril de 1195, el rey Don Alfonso el Casto U de Aragón, queriendo asegurar de antemano la colonización de esta comarca todavía en poder de los moros y cuya reconquista estaba preparando, hace donación de la hoy llamada "La Tinenga" a la Iglesia Catedral y al Cabildo de Tortosa para que las repueblen.

Trece años más tarde, (noviembre de 1208) el rey Don Pedro lI, ignorando a buen seguro la donación de su padre, cede las mismas tierras a Don Guillermo de Cervera. El noble Guillermo de Cervera, después de enviudar por segunda, vez ingresó como monje en el Monasterio de Santa Mana de Poblet, e hizo cesión de las tierras de Benifasar al mismo monasterio de Poblet, donación confirmada por Jaime I, en 1229.

El Cabildo catedralicio de Tortosa, primer señor de Benifasar por la donación de Alfonso 1I, impugnó, no sin razón, la cesión hecha a favor de Poblet. Las partes litigantes llegaron finalmente a un acuerdo: Poblet quedó propietario de Benifasar, y la mitad de los diezmos de los pueblos entonces poblados (Boxar, Castell de Cabres, Bell y Coratxat) se adjudicó al Cabildo de Tortosa.

Jaime I queriendo asegurar su dominio sobre los territorios conquistados en su campaña de Valencia, encomendó a los monjes cistercienses de Poblet la fundación de un monasterio filial en el lugar de Benifasar. El encargo de la fundación lleva fecha de 10 de las Kalendas de diciembre de 1233 y, a principios de 1234 salen ya de Poblet Don Juan de Senhero, en condición de Abad de la nueva fundación, y doce monjes.

A falta de edificio mejor adecuado, los monjes se instalan en el castillo de Beni Hassá. Inmediatamente se empiezan las obras del monasterio en la falda nordeste de la desde entonces llamada colina de santa Escolástica. En 1250 las obras están bastante adelantadas y los monjes dejan la fortaleza de Beni Hassá y ocupan definitivamente las dependencias monacales recién construidas. Cuatro años más tarde, el Abad y el convento de Poblet, hacen donación a la comunidad de Benifasar del lugar donde está fundado, adquiriendo así este monasterio identidad y jurisdicción propia.

Desde este momento hasta su definitiva expulsión, (1835) los monjes cistercienses de Santa María de Benifasar, conocen tiempos de prosperidad y también de adversidad, y reciben la visita de importantes figuras religiosas, como fue el Papa Luna, el Abad del Cister, o el cardenal Agustín Spinola. Otras autoridades de la época pasaron también por este monasterio entre ellas el célebre botánico valenciano D. José de Cavanilles, que iba recogiendo datos para su obra "Observaciones sobre le Historia natural, Geografía, Agrncultura, Población y fnrtos del Reino de Valencia ".

Fue la guerra de la Sucesión, en 1706, la que asestó el primer golpe grave a la vida de la Abadía. Sus habitantes, divididos en dos bandos, uno partidario del Archiduque de Austria y el otro del infante Felipe de Francia, se dispersaron en gran parte quedando tan sólo en Benifasar seis monjes. Finalizada la guerra, en 1716 la comunidad reunida de nuevo en Benifasar pudo recuperar sus bienes y su jurisdicción en la Tinenga, quedando normalizada la observancia conventual.

Otra guerra, esta vez la de la Independencia, ocasionó el segundo éxodo de los monjes. José Bonaparte abolió las Ordenes Religiosas y sus bienes fueron declarados bienes nacionales. Las gestiones de algunos monjes evitaron que el monasterio cayera en manos extrañas, logrando que lo tomara en arrendamiento unos vecinos de Ballestar y de Fredes. Un monje cisterciense con algunos criados cuidaron del monasterio y sus tierras hasta que los franceses evacuaron Valencia. (1813). Al regresar los monjes en 1814, se restableció la vida interior de la Abadía. Los hijos de san Bernardo se ocuparon en mejorar sus antiguas fincas y bosques que habían sufrido graves daños durante su ausencia.

El monasterio pareció renacer y volver a su antiguo esplendor, pero fue por poco tiempo. En 1835 la ley de desamortización de Mendizábal suprimió todos los conventos de monjes, incautando y mal vendiendo sus bienes. Esta vez la comunidad se vio obligada a alejarse definitivamente de su Abadía y Santa María de Benifasar pasó a ser propiedad de gentes extrañas.

 2°.- intermedio secular

El general Cabrera en la primera Guerra Carlista, habilitó el monasterio como cuartel, hospital y cárcel. Algo más tarde las fuerzas liberales ocuparon Benifasar, procediendo a una sistemática destrucción e incendio de cuanto había de combustible en el monasterio; esa hazaña señala la pérdida irreparable del primer manuscrito del "Llíbre del Furs".

El monasterio pasó a manos de diversos dueños particulares que ocuparon la parte más habitable del mismo: el antiguo Palacio del Abad queda convertido en viviendas personales, y la iglesia y sala capitular son destinados a corrales para el ganado.

Pese al deterioro producido por los elementos, y también por la acción demoledora de los hombres, eñ 1931 se declara Monumento Nacional las ruinas que quedan de la antigua Abadía. Pero en 1956 la Diputación Provincial de Castellón, compra una parte de las ruinas de Santa María de Benifasar, con la feliz idea de evitar su total destrucción y procede a una somera reconstrucción de la iglesia monacal. Sin embargo, el Palacio del Abad y las tierras circundantes al monasterio, continúan en manos de las siete familias de colonos que los poseían y habitaban como legítimos propietarios.

3°.- Santa María de Benífasar primer monasterio de cartu~ías en España.

Muchos ignoran que la Orden de la Cartuja tiene también una rama femenina. Al no haber en nuestro país ningún monasterio para monjas cartujas, las jóvenes deseosas de seguir las huellas de san Bruno tenían que ir a Francia o Italia para realizar su vocación. Pero desde 1953, la notable afluencia de españolas en la Cartuja de San Francesco de Italia, hizo pensar en la fimdación de una Cartuja para mujeres en España.

Las búsquedas por todo el territorio nacional de un paraje solitario apropiado, concluyeron al llegar a las ruinas de la antigua abadía de Benifasar que fue considerado lugar idóneo para establecer un monasterio de monjas cartujas. En 1960 la Diputación de Castellón cedió las ruinas a la Orden cartujana; al mismo tiempo la Orden de la Cartuja compró el Palacio del Abad y las tierras adyacentes a los colonos que los poseían, adquiriendo así la propiedad de todo el conjunto del monasterio.

La Gran Cartuja tomó a su cargo la restauración de la antigua Abadía cisterciense, procediendo a habilitarla como monasterio para monjas cartujas, bajo la vigilancia de personas competentes de la Orden. En 1967, la reconstrucción del interior del monasterio estaba lo suficientemente adelantada para recibir a las monjas cartujas. A su llegada, en septiembre de ese mismo año, se estableció la clausura, continuándose los trabajos del exterior que concluyeron unos años más tarde.

ARQUITECTURA

beni2.JPG (19309 bytes) 1 °. Restos cistercienses

El monasterio de Santa María de Benifasar, fue construido con arreglo a la disposición de los monasterios cistercienses de la época. Nos limitaremos aquí a mencionar lo que quedaba en 1960 de la primitiva construcción y que pudo ser recuperado.

Puerta Peal y Palacio del Abad

Daba acceso al monasterio la llamada Puerta Real, antigua construcción de traza románica, sobre la cual se construyó una galería con arcos. Pasada esta puerta estaba la portería y la capilla de san Juan, y frente a ellas el Palacio del Abad, sin ningún valor artístico.

Algo más lejos se encontraba el Palacio antiguo del Abad, del que queda un claustrillo de dos pisos de clásico estilo gótico. En su planta baja consta de cuatro arcos apuntados; en el piso superior los arcos se doblan, habiendo dos en cada parte. Los módulos de piedra que sobresalen por encima de los arcos de la planta, dan a entender que sostenían el piso de la galería del Palacio.

Claustro

El claustro es de planta cuadrada y de estilo gótico (siglo XIV). Cada ala del claustro mide unos treinta y seis metros de lado teniendo la galería unos cuatro metros de ancho. Consta de dieciséis arcos apuntados sostenidos alternativamente por pilares o por columnas dobles finas y esbeltas. Los capitales son sencillos; en algunos arcos son uno para cada columna mientras en otros es un capitel único a modo de imposta. La mayoría de los temas son vegetales y animales, y en algunos pocos de heráldica. beni3.JPG (6837 bytes)

Iglesia

beni4.JPG (7427 bytes) Se empezó a construir en 1264 y se terminó su obra en el siglo XVII. Es de planta de cruz latina, de brazos desiguales y una sola nave, con ábside mayor del mismo ancho que la nave, y dos ábsides en cada brazo del crucero. El ábside mayor es de planta poligonal de cinco lados. Sus bóvedas tienen la disposición típica del gótico catalán. El crucero pertenece a dos épocas distintas; las capillas son contemporáneas del ábside mayor y la nave es del siglo XVII.

Sacrístía,

Es una reducida estancia de planta rectangular situada junto al testero del brazo derecho del crucero de la iglesia, entre éste y la sala Capitular y cubierta con bóveda de crucería. La única luz que tiene la recibe por un estrecho ventanal abocinado, típicamente románico.

Sala Capitular

El aula capitular es la mejor obra de la antigua Abadía. Es de planta cuadrada no tiene ningún apoyo interior y está cubierta por bóvedas de crucería con una solución muy ingeniosa y decorativa, notable para la época en que fue construida. En la fachada hay una puerta de arco apuntado, flanqueada por dos ventanales del mismo trazado. En la pared del fondo, al este, se abre un ventanal gótico de estillo sencillo, que ilumina la sala.

2°. Reconstrucción y nuevos edificios.

Al reconstruir la Abadía cisterciense de Benifasar y transformarla en monasterio de monjas cartujas, se ha conservado y completado cuanto fue posible salvar. La iglesia, claustro, sacristía y sala Capitular han recobrado su primitivo aspecto y destino. También el Palacio del Abad ha sido reconstruido aunque habilitándolo para celdas de las monjas, o para dependencias comunes: lavadero, horno, almacén, etc.

Los restantes edificios se han construido siguiendo la disposición del plan general del antiguo monasterio, pero dándoles con frecuencia un destino diferente al utilizado por sus antiguos moradores. Entre los materiales empleados en la reconstrucción no predomina la piedra de sillería, por su elevado costo, pero el conjunto de la nueva obra, más funcional que la primera, armoniza bien con el primitivo estilo.

La clausura de las monjas cartujas, más estricta que la de los antiguos cistercienses, deja sin embargo a los visitantes libre acceso a algunas partes interesantes de la primitiva construcción, tales como la antigua cruz de ingreso en la plaza de entrada, la antigua puerta de entrada del claustro que ha sido trasladada a la fachada exterior, el claustrillo del Palacio antiguo del Abad, y la iglesia. Hay que añadir que la vista general del monasterio desde la carretera que serpea por la montaña vecina, es de singular belleza.

SER MONJA CARTUJA HOY  EN SANTA MARIA DE BENIFASAR

La Cartuja femenina de Santa María de Benifará es una fundación aún reciente: nuestra presencia en este bello lugar de Castellón data sólo de 1967. Somos el primer y único monasterio de monjas cartujas en España.

Cuando en septiembre de ese mismo año llegamos a Santa María de Benifasar las catorce monjas formadas en Italia, con nosotras llegaba una vocación eclesial desconocida en nuestro país, aunque de una larga tradición de siglos. La vocación de monja cartuja no es una forma más de vocación contemplativa; con razón nos consideran monjas contemplativas pues lo somos, pero hay que añadir una característica peculiar de nuestra vocación: somos una comunión fraterna de solitarias.

Encontrar a Dios en el silencio y la soledad, es nuestro principal empeño y nuestra vocación. La soledad impregna nuestra existencia: nuestros monasterios se construyen en desiertos apartados de toda población; nuestras celdas y lugares de trabajo están acondicionados de modo que se asegure a cada monja una auténtica vida solitana; en soledad celebramos una notable parte de la Liturgia cotidiana, y en ella oramos, estudiamos, trabajamos y tomamos las comidas durante la semana.

Pero la soledad por Dios y con Dios la vivimos con las hermanas con quienes compartimos nuestra vocación. El eje de nuestra vida común es la Liturgia que nos reúne tres veces al día: la Eucaristía matutina, el canto de Vísperas a media tarde, y los Maitines-Laudes en el corazón de la noche. Los domingos y días festivos tomamos en común la refección del mediodía, y una vez por semana hacemos juntas un largo paseo, fuera del monasterio, para fomentar el amor mutuo y vivir luego mejor en soledad.

 

Puede surgir la pregunta sobre la utilidad de una vida como la nuestra. Esta pregunta revela algo de la mentalidad de nuestra sociedad que valora la utilidad por lo que se produce. Pero no todo lo que hoy producimos es realmente útil, ¿qué utilidad tienen las armas de guerra que se producen a escala escalofriante?... Lo verdaderamente útil está por encima de la categoría de producción. ¿Quién duda de la utilidad del amor? Sin embargo, el amor no tiene por primer objetivo producir, pues sabe que siendo lo que es -amor - es por lo mismo útil y produce mucho.

Sólo aceptando la utilidad del amor se explica y justifica nuestra vida que es, fundamentalmente, una presencia de amor en el mundo. Amor hacia ese Dios que silenciosamente está al origen de cuanto existe, que nos ofrece su amistad y que silenciosamente espera una respuesta de amor por parte de los hombres sus hijos. Amor hacia los hermanos, a veces demasiado absorbidos por las realidades pasajeras y olvidadizos de su Dios, y por quienes es preciso hablar a Dios. Tal es la útil misión que asumimos las monjas cartujas en nuestro desierto de Benifasar: separadas de todos estamos unidas a todos y en nombre de todos permanecemos en presencia del Dios vivo.

El día en que el mundo no necesite amor, tampoco necesitará de una vida como la nuestra. Pero hasta que llegue ese día, es útil y necesario que continúen existiendo focos que generen y distribuyan ocultamente amor a todos.

 Libres de muchas exigencias impuestas por la sociedad de consumo, no podemos desatender las necesidades propias de la vida de un grupo. Aunque contamos para ello con el apoyo de nuestra Orden, con la simpatía de los habitantes de los pueblos vecinos y de la Iglesia diocesana a la que pertenecemos, buscamos otros medios para subvenir nosotras mismas a esas necesidades. Con este fin aprovechamos la explotación forestal y cinegética, y en la actualidad estamos implantando un cultivo racional de ciertos champiñones bien cotizados en el mercado.

Las monjas que formamos esta pequeña iglesia monástica de Santa María de Benifasar, vivimos en soledad y silencio el ritmo normal de la vida cartujana donde la oración alterna con el trabajo en un ambiente de fraterna serenidad. Estamos muy agradecidas por la cordial acogida que nos dispensa la llana y afable gente castellonera, felices de ser

el primer monasterio de monjas cartujas
en el que fue primer monasterio de las tierras valencianas.
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