SOCIEDAD DE MEDICINA Y CIRUGÍA |
| BIOÉTICA CLÍNICA |
APLICACIÓN COMO INSTRUMENTO DE ASISTENCIA,CALIDAD Y GESTIÓN
¿Por qué es tan frecuente, ahora, la aparición de las referencias a la ética en los asuntos médicos?. La respuesta debe buscarse en la coincidencia de muchos factores: a) la constancia de excesos en la práctica médica asistencial o no asistencial (no hay más que recordar los Juicios de Nuremberg), b) el desarrollo de los derechos individuales paralelamente al de los derechos reconocidos a la sociedad, c) los cambios en el cuerpo social (mayor edad, menor aceptación del dolor o disconfort, valoración del estado de salud, aumento de exigencias en las prestaciones de todo tipo, incorporación de la idea de calidad, difusión de la información), d) cambio en el patrón de relaciones paciente / sanitario en general y enfermo / médico en particular, con disminución del componente paternalista e incremento del concepto de participación voluntaria, e) mayor complejidad de los sistemas de asistencia sanitaria, f) crisis económica en la que se identifica un coste para cada bien, y la salud entre ellos ("la salud no tiene precio pero sí tiene un coste"), g) mayor desarrollo que nunca antes en la historia de las capacidades de la tecnología y la mecanización, en el campo de la medicina, etc.
Todo ello no ha hecho sino provocar la aplicación de los principios éticos, que son los que nos permiten adaptarnos a una catalogación moral superior de bueno/correcto frente a malo/correcto, al campo de la Medicina. De hecho hablamos de BIOÉTICA para referirnos a la ética aplicada a las ciencias biológicas, y de BIOÉTICA MÉDICA cuando circunscribimos su aplicación a la Medicina. Esta bioética médica puede verse desde distintas perspectivas, pero se convierte en un ejercicio intelectual sin consecuencias si no se utiliza en la práctica. Ninguna ética puede ni debe quedar reducida a un planteamiento meramente teórico.
Frente a una ética clásica, de código único, basada en principios morales absolutos, objetivos, y cognoscibles por todos los implicados, y por ello exigible a todos ellos (patrón de la antigüedad clásica hasta la edad media), el cambio histórico de la evolución del pensamiento ha llevado a plantear la existencia y defensa de una ética de código múltiple que permite que individuos de distintas creencias y conciencias lleguen a soluciones distintas ante los mismo problemas, siempre que basen su actuación en unos principio universales, aceptables por todos y que obliguen de igual manera. Desde esta perspectiva, la bioética médica es un instrumento de trabajo para el profesional y su aplicación una vertiente más de su actividad diaria que se produce tanto en la asistencia, como en la docencia y la investigación, y que encuentra su campo de desarrollo en aspectos relacionados con la toma de decisiones (y aquí se convierte en un instrumento de gestión) y como coadyuvante de una política de calidad.
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A fin de alcanzar esa ética plural y aplicable a todos es preciso establecer un marco de referencia que se ha centrado en el respeto al ser humano a través del imperativo categórico kantiano (obra de tal manera que tus actos puedan aspirar a convertirse en ley universal de forma que el hombre sea siempre un objetivo en si mismo y nunca un medio). En base a ello es posible definir unas bases de acuerdo para alcanzar una ética civil, no confesional, pluralista y no excluyente, de enfoque multidisciplinar no restrictivo y basada en unos principios universales ("prima facie") en los que se apoyen todas las demás consideraciones. |
Estos principios son los de No Maleficiencia, Justicia, Beneficencia y Autonomía del individuo. Estos principios son siempre mandatorios, su aplicación no debe nunca colisionar con los principios jurídicos y no pueden determinar la comisiones de actos no morales.
Ejemplos de aplicación práctica de estos principios básicos de la bioética pueden ser.
Como reflejo de algunos de estos aspectos, en nuestro país, es bligatorio mencionar el Código Ético de la OMC de 1998, o los Derechos del Paciente reconocidos por la Ley General de Sanidad de 1986.
Expresiones prácticas de la aplicación de los principios de la Bioética a la toma de decisiones asistenciales los podemos encontrar en el reconocimiento de la capacidad del paciente a participar de las decisiones que competen a su tratamiento a través del Consentimiento Informado (CI), consagrado por la legislación vigente y que con demasiada frecuencia es interpretado como un mecanismo de protección jurídica del profesional (médico fundamentalmente) ante posibles demandas y reclamaciones.
Nada más lejos de la verdad. El CI es la expresión de reconocimiento del derecho del paciente a ser consultado y a dar su autorización para cualquier procedimiento o maniobra terapéutica que se le plantee, después de haber recibido cuanta información sea oportuna, de forma clara, comprensible y ajustada al estado del arte, y que necesariamente debe incluir la mención y explicación de los posibles riesgos asociados, de las alternativas terapéuticas a la propuesta, y la posibilidad de que el paciente rechace lo ofertado.
El CI es pues un proceso oral, de contacto entre dos partes (paciente y médico), sometido a voluntariedad, que requiere la competencia o capacidad del paciente para entender la información que se le proporciona y poder emitir un juicio razonables, basado en una información suficiente, comprensible y completa, en un entorno de validez y autenticidad y que finalmente precisa de un registro adecuado (formulario o escrito), o de la manifestación de testigos independientes de que se han respetado los derechos del individuo.
A este procedimiento de CI se le pueden plantear eximentes como son la situación de urgencia o grave riesgo vital cierto (que nunca debe ser un subterfugio para obviar y evitar la información adecuada), el imperativo legal en la actuación médica, la incapacidad manifiesta del paciente, la existencia de grave riesgo para la salud pública o la renuncia por parte del paciente a expresar su consentimiento, renuncia que debe ser expresa y manifiesta, y con la misma exigencia de soporte o registro escrito o con testigos.
Otra expresión de la aplicación de los principios bioéticos la encontramos en el campo de la calidad y la política de calidad asistencial. Aquí, esta citada aplicación debe enfocarse como una forma de incrementar la calidad asistencial, tanto la técnico científica, como la percibida; por lo tanto desde el punto de vista del profesional y desde el punto de vista del paciente.
También ahora es posible establecer un paralelismo entre los principios bioéticos y distintas dimensiones de la política de calidad. Así, la Beneficencia se relaciona con la percepción del beneficio directo por parte de los que reciben la prestación; la No Maleficencia se relaciona con la evaluación del riesgo y la prevención de efectos no deseables; la Justicia está en relación con la utilización de recursos en la satisfacción de necesidades estimadas; y la Autonomía se relaciona con la satisfacción del usuario y el acceso a la alternativa o prestación competitiva.
En conclusión, podemos afirmar que si nuestra época ha sido definida como la de las pautas éticas de comportamiento en todos los niveles, como profesionales de la medicina, nuestra actividad debe acogerse a ese principio general y pasa por ajustarse a esas mismas pautas éticas, tanto en lo referente a la asistencia, como a la docencia o a la investigación. El respeto y reconocimiento de los demás es la mejor forma de adaptar nuestra conducta a esas pautas éticas. La bioética, como el bolígrafo, el fonendoscópio, la búsqueda bibliográfica o el ordenador, forman parte de nuestros instrumentos de trabajo.
Castelló, 7 de juny del 2000