DR.PÍo Beltrán Sanz
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NIÑO Rey de un trigal, de un río, de una viña:así habrá de sonarse. Y libre. Dueño de sí, hoguera perpetua en que arda el leño de la verdad. Y que el amor lo ciña. DE CUANTO SÉ DE MÍ JOSÉ HIERRO |
![]() Juan Beltran Fabregat |
Esta fue la impresión que tuvimos de lo que podría ser poéticamente un niño enfermo o sano, después de escuchar la experiencia como pediatra el Dr. Pío Beltrán. Tras observar su humana actitud hacia la infancia y su afán por dedicarse al cuidado de niños enfermos, recordamos con nostalgia aquellas fiebres de nuestra infancia, con sarpullidos incluídos, encamados, con la casa arreglada y perfumada a la espera de la visita del médico, y a pesar del malestar, la ilusión anticipada de la prescripción facultativa: "reposo en cama hasta que ceda la fiebre", por las ventajas que conllevaba, como no ir unos días al cole, no responsabilidades familiares y lectura a tope del Jabato, Capitán Trueno, Mortadelo y Filemón, etc.. Uno siempre veía un buen pediatra y un buen nombre que nos facilitaba un reposo creativo y curativo. Así lo seguimos viendo. Don Pío, cuando quiera empiece a contarnos su historia. |
1.- Dr. Beltrán, ¿Qué le sugiere la infancia? Es el conjunto de las primeras etapas de la vida caracterizadas por un desarrollo rápido incluido el infante en su ambiente familiar y social que afectan a las distintas etapas de desarrollo en sus diferentes facetas psicofísicas y sociales desde recién nacido hasta la adolescencia. En esta etapa se encuentra con una expresividad propia que es preciso conocer para bien interpretarla. El lenguaje del adulto no es utilizable pero hay gestos y actitudes espontáneas que no son modificadas por la elaboración mental de los adultos. Hablemos de sus orígenes y por qué decidió ser médico. Nací en Xert, pequeño pueblo de nuestra provincia, en el año 1929. A los cinco años nos trasladamos a Castellón con el único fin de que mis hermanos pudieran estudiar el bachillerato; hasta entonces mi hermano mayor iba en bicicleta todos los días con lluvia o viento a San Mateo para que un profesor le diera clase y así poderse examinar libre en Castellón. |
Hice los estudios de bachillerato entre Escolapios e Instituto Francisco Ribalta y la Reválida en la Universidad de Valencia, como todos, y vino el problema que debía decidir una carrera y nos encontramos que en Valencia se podían estudiar cuatro licenciaturas; siempre me habían gustado las ciencias, pensé que licenciados en química ya éramos dos en la familia, no me quedó más solución que probar medicina sin tener antecedentes familiares. Empecé a estudiar y me fue gustando, yo creo que todo lo que se estudia es interesante y así terminé la carrera.
¿Cómo fueron sus años de estudiante y qué motivaciones tuvo para dedicarse a la Pediatría?.
Los años de estudiante fueron los más felices, como supongo que les pasa a todos; tuve bastante buen aprovechamiento, y cuando terminé me pasó como al principio de la licenciatura, que no me gustaba una disciplina más que otra; me dio la impresión que de Pediatras no había muchos, podría defenderme mejor, y así, sin pensarlo mucho me fui a Barcelona a hacerme pediatra aunque sin mucha motivación.
Cuéntenos un poco cómo se desarrolló la Pediatría en nuestro país.
Del desarrollo de la pediatría en nuestro país sé poco, fue a principios del Siglo XX con el desarrollo de la medicina científica cuando empezó a destacarse como especialidad, por mitad de siglo, con los grandes descubrimientos, fue cuando empezó un desarrollo muy acelerado; fue en esta época cuando en Madrid estaban, entre otros que no recuerdo, los doctores Jaso y Laguna y en Salamanca el Dr. Arce que estudió muy profundamente los trastornos nutritivos del lactante. Discípulo suyo fue el profesor Ramos Fernández que pasó a Barcelona e hizo una Escuela de famosos pediatras: Angel Ballabriga, Pérez Soler, Francisco Prandi que con su grupo inició los cursos de pediatría extrahospitalaria que fueron mis maestros en formación continuada.
En Barcelona existían otras grandes escuelas de pediatría. El profesor Martínez García en el Hospital de San Pablo y sobre todo en el Hospital de Ntra. Sra. del Mar estaba el Dr. Sala Ginabrera y su sucesor el profesor Llorens Terol.
En Valencia puedo destacar a mi profesor Don Dámaso y eran famosos los doctores Jorge Comín y el Dr. Gómez Ferrer que fueron los pioneros de la pediatría en Valencia.
Sucesores de Don Dámaso en la Facultad fueron los profesores Sala Sánchez y Colomer Salas y de su Escuela han salido grandes pediatras, entre los que destacan Dr. Brines, Dr. Moya, Dr. Borrajo Guadarrana, Angel Nogales y otros, pero todos ellos son Catedrátivos de distintas Facultades de Medicina..
Esta es la pequeña historia de lo que yo recuerdo de las zonas donde me he formado como profesional.
Ahora centrémonos en nuestra tierra: ¿Quiénes empezaron a trabajar como pediatras en Castellón y qué condiciones encontraban en cuanto mortalidad y morbilidad por ejemplo?.
La Pediatría la realizaban normalmente los médicos de cabecera durante las primeras décadas del siglo. Quiero destacar al pionero de la pediatría castellonense que fue el doctor D. Julián Garí Martinavarro, que fue un gran estudioso y conocedor de la morbilidad de Castellón. Realizó y publicó trabajos sobre el paludismo que era un gran azote de la población y gracias a él tenemos constancia de como era la epidemiología y clínica de la enfermedad en nuestra tierra, que por desgracia era una nota que destacaban en todos los estudios sobre la plana. Después ejercieron otros famosos pediatras: Don Vicente Sancho, D. Pedro Muñiz, D. Agustín Rallo, D. Vicente Albiach y otros.
En 1958 con la creación de la pediatría de familia en la Seguridad Social, nos pusimos a ejercer otros pediatras, primero cuatro y después muchos más que no nombro por miedo a olvidarme de muchos.
En cuanto a las condiciones, además del paludismo que ya he aludido, teníamos mucha tuberculosis, sarampion, tosferina, difteria y polio; creo que eran los mayores problemas que teníamos que afrontar con pocos medios. También teníamos en esta zona mucha fiebre reumática y nefritis aguta, enfermedades estreptocócicas que también han disminuído de forma notable.
Nos encontrábamos con la falta de higiene, falta de leches especiales, incultura de la población, viviendas en malas condiciones, que incidían en el aumento de las enfermedades respiratorias en invierno y gastrointestinales en verano; pero esta situación se ha mejorado muchísimo
Para usted, cuáles han sido los avances más importantes que ha vivido para mejorar la salud infantil.
En primer lugar, como acabo de decir, la mejora de la vivienda y la higiene, la cultura, la industria alimentaria con las leches cada vez más especiales para todas las fases de la lactancia, los alimentos-medicamentos para las dispepsias; las vacunas y otras medidas sanitarias ha hecho que algunas enfermedades como la viruela haya desaparecido y otras como la polio, sarampión, y difteria se hayan reducido sobremanera.
Los antibióticos han disminuido la morbilidad y la gravedad de otras enfermedades, como la tuberculosis pulmonar. La fiebre tifoidea muy frecuente en algunos pueblos de la provincia se mejoró gracias a la cloración de las aguas como consecuencia de la alarmante de epidemia de cólera. Además mejoró con la vacunación y después con los antibióticos conseguimos que la morbilidad de la salmonelosis bajara aún más y la fiebre tifoidea pasó de ser una enfermedad grave de un mes de duración a curarse sin complicaciones en pocos días.
Finalmente algunas enfermedades malignas en la actualidad con las técnicas diagnósticas precoces y la mejora de la terapéutica con las irradiaciones y la quimioterapia antitumoral se han convertido en enfermedades más esperanzadoras.
Hablemos de su experiencia profesional como pediatra: satisfacciones, anécdotas, desengaños y relaciones con el entorno familiar del niño.
El ejercicio de la profesión ha sido muy gratificante en conjunto. Al principio de mi ejercicio se vivía con gran intensidad por la cantidad de enfermos que teníamos junto con pocos medios; no teníamos hospitalización y cuando teníamos un problema grave de vigilancia más continua, teníamos que hacer tres y hasta cuatro visitas diarias, como ocurría con los traumatismo craneales obstétricos que nunca sabíamos como evolucionarían; casos de epilepsias u otras formas de convulsiones que cedían poco por los tratamientos habituales. Casos de meningitis, etc.
Cuando las cosas se terminaban bien teníamos la satisfacción del deber cumplido, y cuando no era así sufríamos mucho y teníamos un gran disgusto cuando el resultado era letal. Del entorno del enfermo teníamos toda clase de actitudes, desde el que decía que habíamos salvado la vida de su hijo y se desvivía en agradecimientos, cuando en realidad no habíamos hecho otra cosa que cumplir con nuestra obligación con la suerte de que el problema se solucionaba y también teníamos el caso contrario, que la culpa por la muerte del infante la teníamos nosotros, cuando habías puesto todos los medios a nuestro alcance pero no había evolucionado favorablemente el niño, bien fuese por un error innato del metabolismo de evolución rápida o se trataba de una cardiopatía congénita ambas incompatibles con la vida y entonces no se operaba como ahora.
Las relaciones familiares siempre fueron inmejorables con mi esposa y mis hijas. Todas me ayudaron y comprendieron que mi profesión exigía un sacrificio por parte de todos y solo he tenido satisfacciones y ayudas.
¿Cómo ve en la actualidad su especialidad.-
Mi especialidad como en todas las ramas de la medicina que se relaciona con el enfermo está por desgracia muy deshumanizada. Los médicos considerábamos a los enfermos que atendíamos como de nuestra casa y los enfermos tenían un respeto, y diría que hasta cariño hacia los médicos tanto generalistas como especialistas.
Ciñéndome a la pediatria distinguiría los pediatras hospitalarios de los extrahospitalarios. La medicina hospitalaria es más científica con muchos medios diagnósticos y terapéuticos, y con un seguimiento evolutivo, fundamental para el estudio del enfermo; pero la medicina extrahospitalaria es más arte, más medicina y más arriesgada y con las manos, la vista, el fonendoscopio, la experiencia y poco tiempo y sobre todo una gran cantidad de duda, hacemos un juicio pronóstico y diagnóstico e inicias un tratamiento que casi siempre salimos airosos; claro que también tenemos medios diagnósticos a nuestro alcance, y ante la gravedad o la dificultad diagnóstica remitimos al enfermo al hospital. Creo que la buena relación que tenemos los intra y los extrahospitalarlios es la base del buen funcionamiento de la asistencia pediátrica.
Desde la jubilación, qué reflexión haría sobre toda una vida dedicada a la infancia.
Desde mi vida personal he sido muy feliz asistiendo a los niños; se dice que es más difícil su asistencia porque no hablan pero con sus gestos inocentes y sinceros te sientes muy a gusto y satisfecho y el haber realizado esta función durante toda mi vida profesional me llena de satisfacción.
Respecto a la infancia la considero un estado de la vida muy peligroso porque de sus características psicofísicas y de la formación que los demás le damos: padres, maestros, depende la evolución de la humanidad a una sociedad feliz con paz y armonía o una sociedad egoísta y agresiva.
La infancia es el eje; por lo cual la considero además de la más bonita la etapa más peligrosa.
Por último Dr. Beltrán, ¿piensa que es cierto que para bien o para mal siempre volvemos a la infancia?.
Lo acabo de decir, es fundamental encauzarla bien, y las mejores satisfacciones las tenemos con los pensamientos y recuerdos de la infancia.
" DR. PÍO BELTRÁN: MAESTRO PEDIATRA"
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Se confiesa amigo de sus amigos ("Voy a la tertulia del Hotel Jaime I casi todos los días desde hace años") y religioso (cree en Cristo y su mensaje, básicamente). Nos cuenta anécdotas inverosímiles y hasta el secreto (no seré yo quien lo divulgue) de su convecino, el famoso hacedor del Cognac Segarra. En la comida, le arreé un espetón: ¿Ahora son más difíciles de convencer los niños o sus madres?. Me respondió conciso y sin historias: "Son igual que antes: los niños, las madres y sus preguntas". Luego, charlamos de los lloros de los bebés ("La base es el cambio de ambiente, el frío"), de las posibilidades terapéuticas ante un hiperactivo ("Tienen déficits de atención. Hay que pedirle comprensión a la familia. Nosotros podemos darles alguna anfetamina (Rubifen) para mediatizar esta falta de fijeza"). Charlando, charlando, le pregunté si seguía siendo niño. "No", adujo categórico. "Ahora soy un abuelo, pero me gustaría serlo. La inocencia es muy importante, no hay que tener maldad". En los postres, interroguéle sobre las diferencias entre los Pediatras de su generación y los actuales. "Antes éramos más humanos, ahora son mucho más técnicos. Lo más importante en la patología infantil es la evolución: los signos que no aparecen hoy, lo harán mañana. Por eso hay que estar al loro". Incidíle sobre si a los de su especialidad también se le atragantaba algún paciente, y me contestó sin sesgar: "También. La paciencia es fundamental en nuestra dedicación". Tras mostrarse orgulloso de su familia y decirnos que lo habían ayudado mucho ("En lo que respecta a mi esposa siempre me dio facilidades para desarrollar mi trabajo"), filosofamos con tiento sobre su jubilación ("La llevo muy bien"), y sobre los consejos que les daría a los Pediatras jóvenes ("Que sean honestos, que trabajen con dignidad. Al final todos tendrán trabajo") En el café, intentamos pedir un "Segarra" no demasiado caro. No había. Lástima. ("Si queréis, un día quedamos para ir a Xert y os enseño el pueblo y dónde tiene la empresa el susodicho"). El Dr. Beltrán, D. Pío, cua jilguero en espera de rotornar al nido, se mostró displicente y baquiano. Natualmente, le tomamos la palabra no fuera que los hados se nos mostraran desfavorables y nos desmontaran la copla. Agradecidos por su propuesta, retornamos al mantel y nos dispusimos a finalizar la entelequia. ¿Volvería a ser Pediatra? espetéle, como quien no hace sino preguntas inútiles. "Sí". Y se nos autobiografió con tino. "Fuí médico por casualidad, ya os lo conté, fue la mejor elección entre lo que se me ofrecía en aquellos tiempos. Luego, me hice Pediatra porque era una especialidad deficitaria en Castellón y tenía un amigo que la estaba haciendo en Barcelona. Así sucedió y nunca me arrepentí; repetiría sin lugar a dudas". Y ya con el mar a nuestra ver, un tanto entrada la tarde, con una brisa espabiladora y algún crío gritándole a sus años, decidimos dar por conclusa la charla. ¿Tiene algo que quisiera decirles a los compañeros médicos castellonenses, D. Pío?. "Que amen la profesión y sean humanos. Al final siempre les quedará el consuelo de haber sido positivos para la humanidad". El Dr.Beltrán, D. Pío, una institución en nuestra ciudad durante muchísimos años, ganado el prestigio a base de muchas horas de sueños y preocupaciones por los más pequeños, en tanto caminaba hacia el coche, aún descompuso la figura revolviéndose raudo y veloz y dirigiónos mensajes furtivos y amigables. "¡Iremos a Xert, D. Pío!" Al volver hacia Castellón, me alegré de los momentos vividos pensando en las enseñanzas que esta tipo de conversaciones conlleva. Vaya un fuerte abrazo y reconocimiento en nombre de los galenos de esta provincia, D. Pío, y siéntase de verdad orgulloso por su experiencia vital a través de la Pediatría. José Mª. Mulet Pascual |