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JUAN MANUEL BELTRAN FABREGAT

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Hace justo cinco años iniciamos José Mª. Mulet y yo, una serie de entrevistas con diversos médicos de Castellón.

Queremos hoy rendir un homenaje y un especial recuerdo al Dr. Miguel Bellido ya que fue la primera que realizamos y hace poco nos enteramos que nos ha dejado.

Entre otros motivos, elegimos en primer lugar a Miguel porque sabíamos que estaba enfermo y deseábamos conocer su personalidad humana, profesional y política. Nos sorprendió desde el principio su talante optimista sobre la vida y la humanidad, así como escuchar a un "hablador empedernido" matizar con sentido común, aspectos de si trabajo como anestesista. El respeto mutuo entre compañeros y con los enfermos entre compañeros y con los enfermos, actitudes políticas de mucha tolerancia y admiración por su mujer e hijos.

Toda la conversación fue tan viva y nos despertó tanto los sentidos y el sentimiento que yo lo definí como un "anestesista paradójico".

Aunque no lo conocíamos personalmente, supo dejarnos como prenda un resumen de su vida, plagado de anécdotas, alegrías y tristezas que superaba siempre con alguna nota irónica. No perdía la esperanza en el género humano y enfatizaba en varias ocasiones que, aunque hemos sido capaces de hacer atrocidades, también somos capaces de hacer lo mejor y llegar al heroísmo por nuestros semejantes. Se encogía de hombros: "así es el ser humano".

Miguel ha sido el ejemplo a seguir de lo que queremos modestamente mostrar en estas entrevistas a compañeros, que él nos sugirió que subtitulásemos, "Medicina de Castellón: ¿de dónde venimos". Debo decir que nos hace mucha ilusión seguir su consejo porque quizás es la pregunta adecuada para saber quienes somos y hacia donde vamos.

Antes de despedirnos, Miguel, el Dr. Mulet te preguntó: ¿cómo le gustaría a usted que le recordaran?

- ¿A mí?... A mí me gustaría que se me olvidara, que había pasado por la vida vestido de gris...que...los que no se acuerdan ahora no se acordaran jamás.

Nosotros deseamos y queremos recordarle y quizás escribirle un epitafio como el de un poeta: "Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito con agua".

DR. MIGUEL BELLIDO:

UN HASTA SIEMPRE

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Miguel Bellido, nuestro compañero, maestro y amigo, se nos derivó hacia la eternidd sin solución de continuidad, plenamente consciente de su malestar y sin preámbulos de indefinición. A él no parecían gustarle demasiado los circunlooquios ni las sofisterías: así me lo hizo saber a mí, por lo menos, cuando le hicimos el Dr. Beltrán y yo la primera de nuestras entrevistas psicodélicas, un decir, en pro del colectivo médico que nos embarga e interelaciona.

D. Miguel siempre fue dueño de sus sueños, de sus ideales, de sus definiciones. Como todo er humano que se precie sabía diferenciar el ideario (mera concepción utópica de las querencias personales), de la pura realidad vital (léase, enfermedades, enfermos, amigos y/o enemigos de espíritu cordial). Médico por encima de todo, supo llevar con dignidad su última alteración vital, su peñutita cargante e incordiante, como si fuera una cornada que supiera iba a recibir en tarde soleada de toros (a él le gustaban mucho) pero de frente, como los buenos estoqueadores que no confunden miedos con verdades, probabilidades de, con interrogantes indefinibles de variopinta gama.

El Dr. Miguel Bellido, al que le dijimos en vida lo que debíamos y de corazón, no nos dejará nunca pues permanecerá en nuestra memoria mientras ésta no se altere por infelices depravaciones. Se me pide un recuerdo. Yo le envío un ¡hasta siempre!, pues tengo por seguro que, llegado el momento, lo volveré a encontrar y la eternidad nos marcará nuevos biorritmos y consideraciones. D. Miguel, hasta cuando Dios quiera. Un abrazo.

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