La mirada
de Salek.
| Primera parte. No sé quien es el
culpable que maneja los hilos del destino ni por qué el tuyo fue nacer en una Jaima,
situada junto a muchas otras idénticas Jaimas, en la mitad del desierto, en una tierra
que no era la tuya ni la de tus antepasados. Tu jaima, tu casa, era probablemente de color
verde, con el suelo tapizado de alfombras de vivos colores. Su puerta y ventanas estarían
tapadas, seguro, por cortinas de tela de gasa de color azul o naranja que hacían que en
el interior de la misma los rayos del sol parecieran aún más luminosos proporcionando al
espacio una agradable sensación de paz y confort. No sé por qué naciste, creciste,
dormiste, comiste, lloraste, reíste y te hiciste un poco más niño en este pequeño
cuadrado de luz situado en la inmensidad del desierto. |
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Tampoco sé por qué la vida en la jaima se desarrollaba en
torno a una bombona de gas. La bombona de gas y de vida, de vida y de muerte, era el
centro cuando os reunías en el ritual del té, la fuente de luz para iluminar la
oscuridad, la fuente de calor en las frías noches invernales del desierto, de donde
salía el fuego con el que tu madre y tus tías cocinaban el arroz o las legumbres,
cuidadosamente medidas y racionadas que algún lejano pais dio a tu pueblo. Probablemente
la bombona fue uno de los primeros objetos que grabó tu memoria al poco de nacer y en
torno a ella pasaste muchos días felices y giró tu vida.
Nunca pregunté si el causante fue el gas, el vestido de tu
madre, la cortina de colores, la tela de la tienda, el té o el agua del arroz. Pero
habían sido muchos los días de riesgo a lo largo de tu vida y uno de esos días el fuego
te envolvió y torció tu sonrisa de niño saharaui en rictus de dolor.
Casi sin darte cuenta cambiaste tu jaima de colores por una
habitación blanca y unos quirófanos de paredes verdes. La cara de tu madre, que te
despertaba todas las mañanas, fue sustituida por la de Martín y Oswaldo, cirujano y
anestesistas cubanos que trabajaban en el Hospital de Rabuni. Y la lucha comenzó. Fue una
lucha tremendamente desigual contra la casi completa necrosis de tu piel. En su contra
estaban la falta de medios, la carencia de gasas y compresas estériles, de antibióticos
y medicinas para calmarte el terrible dolor, de pomadas antisépticas, la invasión de
legiones de moscas y del polvo del desierto. A su favor la sangre de dos grandes corazones
y su inagotable capacidad de trabajo. A su favor, también, la costumbre de trabajar ya en
Cuba en condiciones difíciles, improvisando día a día, usando antiguas fórmulas
magistrales, y estirando las vendas y las compresas para conseguir tapizar tu escuálido
cuerpecito de niño malnutrido. Fueron muchos días, casi tres meses, muchas curas, mucha
lucha y mucha la decepción progresiva.
Y entonces ocurrió algo. Un día te pareció escuchar a tu
madre que había llegado a los campos de refugiados un grupo de médicos y enfermeras de
España, de una ciudad llamada Castellón. Que este grupo venía cargado de gasas,
compresas, pomadas, antibióticos, y muchas medicinas. Que traían un aparato muy
importante para ti que se llamaba dermatotomo. Que venía una doctora muy sabia,
especialista en quemados, que se llamaba María José. Y todo esto era verdad.
Y entonces empezó otra nueva lucha. La lucha contra el tiempo,
la cultura de los pueblos y el peso de las costumbres. La lucha para convencer a tus
padres y abuelos que necesitabas la sangre de otros y que había que quitarte trocitos de
la poca piel que tenías sana para ponerlos donde no tenías. La lucha para intentar
reponer a tu organismo las proteínas que manaban a chorro por la superficie expuesta de
tu cuerpo. Fue también una lucha dura y desigual porque la tradición es un enemigo
difícil cuando esta arraigada en el corazón de un pueblo orgulloso.
Fueron muchas horas de trabajo, muchas sesiones de anestesia,
curas y cuidados, que tú soportaste pacientemente con tu mirada ladeada y pérdida, nadie
sabe dónde, y tu boquita entreabierta.
Segunda parte. Manolo
Laguna: Cirujano Comisión médico-Quirúrgica de Castellón para ayuda al pueblo saharaui. |
Hoy es un día de Abril de 1999. Nos hemos
levantado y acercado al Hospital. Allí estaban ya Dori y Mª José. Hemos empezado a
operar. Eduardo ha hecho una cesárea y en el momento que el niño nacía nos han dado la
noticia. Veo a Maria José en un rincón llorando y no sé que decirle. La inmensidad del
cuerpo de Martín, el cirujano cubano, apenas se ve en un rincón del pasillo y disimula
su llanto haciendo que escribe algo, triste y cabizbajo. Oswaldo llora abiertamente.
Sé que tú, Salek, has visto hoy por última vez la cara de los
que en los últimos meses han estado día y noche a tu lado y han luchado absolutamente
contra todo para, sorprendentemente, mantenerte este tiempo con vida y creer, con vana
esperanza, que podían salvarla. No ha sido posible. La frialdad de la estadística ha
sido contundente en tu caso.
Pero quiero que sepas, Salek, que tus compañeros quemados de
habitación están todos mucho mejor, que ellos si que van a salvar la vida y que todos
los demás enfermos operados están muy bien
No sé si podrás escucharme porque no sé si los saharauis
tenéis cielo, aunque si que sé dónde tenéis una parte del infierno.
Por si puedes escucharlo, quiero que sepas que este grupo de
hombres y mujeres de Castellón han ayudado en muy pocos días a muchos de tus hermanos.
Quiero que sepas que han realizado más de 3000 actos médicos lo que supone más de 200
actos médicos diarios, que han operado a 86 enfermos, que han traído al mundo a varios
bebés y que han realizado un extenso estudio de tuberculosis en más de 1000 niños como
tú. Que todos estos hombres y mujeres de Castellón desean que estos niños tengan un
futuro esperanzador y mucho mejor que el pasado que has vivido tú y tus padres.
Sé que no entenderás ninguno de estos números ni de estas
palabras, pero, si me escuchas, Salek, solo quería contarte lo que estos médicos y
enfermeras de Castellón han hecho por tu pueblo. Y que sepas que lo van a seguir
haciendo. |
Miembros de la Comisión:
- Mª José Francés (Cirugía Plástica)
- Evaristo Rambla (Anestesiología)
- Amparo Ferrandiz (Medicina interna)
- Elena Bisbal (Medicina interna)
- Eduardo Villanueva (Ginecología y obstetricia)
- Amalia Nacher (Pediatría)
- Manuel Laguna (Cirujano General)
- Adoración Guadalajara (Enfermera)
- Carmen Grao (Enfermera)
- Carmen Pérez (Enfermera)
- Raquel Cabedo (Enfermera)
- Inmaculada Caballer (Enfermera)
- José Luis Sabater (Enfermero)
- Carmina Iturralde (Administrativa)
- Teresa Breva (Administrativa)
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