La mirada de Salek.

Primera parte.

No sé quien es el culpable que maneja los hilos del destino ni por qué el tuyo fue nacer en una Jaima, situada junto a muchas otras idénticas Jaimas, en la mitad del desierto, en una tierra que no era la tuya ni la de tus antepasados. Tu jaima, tu casa, era probablemente de color verde, con el suelo tapizado de alfombras de vivos colores. Su puerta y ventanas estarían tapadas, seguro, por cortinas de tela de gasa de color azul o naranja que hacían que en el interior de la misma los rayos del sol parecieran aún más luminosos proporcionando al espacio una agradable sensación de paz y confort. No sé por qué naciste, creciste, dormiste, comiste, lloraste, reíste y te hiciste un poco más niño en este pequeño cuadrado de luz situado en la inmensidad del desierto.

salek.gif (26951 bytes)

Tampoco sé por qué la vida en la jaima se desarrollaba en torno a una bombona de gas. La bombona de gas y de vida, de vida y de muerte, era el centro cuando os reunías en el ritual del té, la fuente de luz para iluminar la oscuridad, la fuente de calor en las frías noches invernales del desierto, de donde salía el fuego con el que tu madre y tus tías cocinaban el arroz o las legumbres, cuidadosamente medidas y racionadas que algún lejano pais dio a tu pueblo. Probablemente la bombona fue uno de los primeros objetos que grabó tu memoria al poco de nacer y en torno a ella pasaste muchos días felices y giró tu vida.

Nunca pregunté si el causante fue el gas, el vestido de tu madre, la cortina de colores, la tela de la tienda, el té o el agua del arroz. Pero habían sido muchos los días de riesgo a lo largo de tu vida y uno de esos días el fuego te envolvió y torció tu sonrisa de niño saharaui en rictus de dolor.

Casi sin darte cuenta cambiaste tu jaima de colores por una habitación blanca y unos quirófanos de paredes verdes. La cara de tu madre, que te despertaba todas las mañanas, fue sustituida por la de Martín y Oswaldo, cirujano y anestesistas cubanos que trabajaban en el Hospital de Rabuni. Y la lucha comenzó. Fue una lucha tremendamente desigual contra la casi completa necrosis de tu piel. En su contra estaban la falta de medios, la carencia de gasas y compresas estériles, de antibióticos y medicinas para calmarte el terrible dolor, de pomadas antisépticas, la invasión de legiones de moscas y del polvo del desierto. A su favor la sangre de dos grandes corazones y su inagotable capacidad de trabajo. A su favor, también, la costumbre de trabajar ya en Cuba en condiciones difíciles, improvisando día a día, usando antiguas fórmulas magistrales, y estirando las vendas y las compresas para conseguir tapizar tu escuálido cuerpecito de niño malnutrido. Fueron muchos días, casi tres meses, muchas curas, mucha lucha y mucha la decepción progresiva.

Y entonces ocurrió algo. Un día te pareció escuchar a tu madre que había llegado a los campos de refugiados un grupo de médicos y enfermeras de España, de una ciudad llamada Castellón. Que este grupo venía cargado de gasas, compresas, pomadas, antibióticos, y muchas medicinas. Que traían un aparato muy importante para ti que se llamaba dermatotomo. Que venía una doctora muy sabia, especialista en quemados, que se llamaba María José. Y todo esto era verdad.

Y entonces empezó otra nueva lucha. La lucha contra el tiempo, la cultura de los pueblos y el peso de las costumbres. La lucha para convencer a tus padres y abuelos que necesitabas la sangre de otros y que había que quitarte trocitos de la poca piel que tenías sana para ponerlos donde no tenías. La lucha para intentar reponer a tu organismo las proteínas que manaban a chorro por la superficie expuesta de tu cuerpo. Fue también una lucha dura y desigual porque la tradición es un enemigo difícil cuando esta arraigada en el corazón de un pueblo orgulloso.

Fueron muchas horas de trabajo, muchas sesiones de anestesia, curas y cuidados, que tú soportaste pacientemente con tu mirada ladeada y pérdida, nadie sabe dónde, y tu boquita entreabierta.

Segunda parte.salek2.gif (45354 bytes)

Manolo Laguna: Cirujano Comisión médico-Quirúrgica de Castellón para ayuda al pueblo saharaui.

Hoy es un día de Abril de 1999. Nos hemos levantado y acercado al Hospital. Allí estaban ya Dori y Mª José. Hemos empezado a operar. Eduardo ha hecho una cesárea y en el momento que el niño nacía nos han dado la noticia. Veo a Maria José en un rincón llorando y no sé que decirle. La inmensidad del cuerpo de Martín, el cirujano cubano, apenas se ve en un rincón del pasillo y disimula su llanto haciendo que escribe algo, triste y cabizbajo. Oswaldo llora abiertamente.

Sé que tú, Salek, has visto hoy por última vez la cara de los que en los últimos meses han estado día y noche a tu lado y han luchado absolutamente contra todo para, sorprendentemente, mantenerte este tiempo con vida y creer, con vana esperanza, que podían salvarla. No ha sido posible. La frialdad de la estadística ha sido contundente en tu caso.

Pero quiero que sepas, Salek, que tus compañeros quemados de habitación están todos mucho mejor, que ellos si que van a salvar la vida y que todos los demás enfermos operados están muy bien

No sé si podrás escucharme porque no sé si los saharauis tenéis cielo, aunque si que sé dónde tenéis una parte del infierno.

Por si puedes escucharlo, quiero que sepas que este grupo de hombres y mujeres de Castellón han ayudado en muy pocos días a muchos de tus hermanos. Quiero que sepas que han realizado más de 3000 actos médicos lo que supone más de 200 actos médicos diarios, que han operado a 86 enfermos, que han traído al mundo a varios bebés y que han realizado un extenso estudio de tuberculosis en más de 1000 niños como tú. Que todos estos hombres y mujeres de Castellón desean que estos niños tengan un futuro esperanzador y mucho mejor que el pasado que has vivido tú y tus padres.

Sé que no entenderás ninguno de estos números ni de estas palabras, pero, si me escuchas, Salek, solo quería contarte lo que estos médicos y enfermeras de Castellón han hecho por tu pueblo. Y que sepas que lo van a seguir haciendo.

Miembros de la Comisión:

Mª José Francés (Cirugía Plástica)
Evaristo Rambla (Anestesiología)
Amparo Ferrandiz (Medicina interna)
Elena Bisbal (Medicina interna)
Eduardo Villanueva (Ginecología y obstetricia)
Amalia Nacher (Pediatría)
Manuel Laguna (Cirujano General)
Adoración Guadalajara (Enfermera)
Carmen Grao (Enfermera)
Carmen Pérez (Enfermera)
Raquel Cabedo (Enfermera)
Inmaculada Caballer (Enfermera)
José Luis Sabater (Enfermero)
Carmina Iturralde (Administrativa)
Teresa Breva (Administrativa)
salek3.gif (51909 bytes)
antprespral2.gif (985 bytes) ant1.gif (168 bytes) princ1.gif (957 bytes)

sig1.gif (954 bytes)