Fe de erratas:   Entrevista número anterior Dr. Massotti

En la entrevista al Dr. Massotti publicada en el anterior Boletín, se omitió el poema inicial de Ricardo Reis y el epilogo escrito por el Dr. Mulet que reproducimos:

Maestro, son plácidas
todas las horas
que perdemos
si en el perderlas,
cual en un jarro,
ponemos flores
 
(Ricardo Reis)
Todos los médicos, estoy seguro, en algún momento nos hemos planteado largarnos al tercer mundo dejando atrás historias mil. La mayoría por instinto, por cobardía, por buen desembarco en la profesión y en el lugar de acción, por mil motivos, no lo hemos llegado a realizar y -todo es preciso y necesario-, nos acomodamos y realizamos y proyectamos trans y/o intranseendentalmente "in situ", sin ningún considerando que vaya más allá de nuestro círculo, ambiente y meditación loco-regional; o sea, las más, vil materialismo mezclado con ciertas dosis de autosatisfacción y una pizquita, eso sí, de buena voluntad.

Distorsionando dichas normas, elucubrando sortilegios hoy divagando entre dos mundos, hoy hemos tenido el placer de conversar con alguien que sí rompió el molde: el Dr. D. Angel Massotti, traumatólogo, inspirador de sendos proyectos allá por el África negra, que un buen día de 1963 lanzóse a la aventura y llegóse primero a Camerún y luego a Burkina Fasso ("Tierra de hombres libres"), antiguo Alto Volta.

A este último lugar arribó mediatizado por Ricardo Miralles, párroco de Villafamés ya fallecido, que muy resuelto lo convenció para que hiciera un Hospital en Saf'ne y, encima, le soltó un reprise dicharachero: "Yo no sé si aprenderá francés, pero éstos seguro que aprenden valenciano". Y así fue.

El Dr. Massotti, D. Angel, habla y no para de aquellas tierras y de sus gentes: "Su religión es animista: creen en el sol, en un Dios que no saben qué es. Son monoteístas y el 95% analfabetos". "Uno de los problemas que nos encontramos allí es que son polígamos y al convertirse al cristianismo sólo tienen una mujer y las demás se mueren de hambre. Es difícil". "Plantan mijo (4-5% de proteínas). A base de eso se alimentan todo el año". "En Africa no conocen la maldad. Lo peor es que no hay nada de nada. El africano no es ambicioso, se conforma con comer y beber. Duerme en el suelo"

Y le preguntamos qué pasa con los que tienen la oportunidad de aprender. Nos responde un tanto escéptico: "Los que estudiaban y conocían París, Madrid, Roma... no volvían. Y sí volvían los hacían Ministros de Sanidad y se acomodaban. Por eso se prefiere ahora mandarlos a estudiar a algún país africano: Senegal, Camerún, etc...". Y prosigue, resignado: "a estas alturas, en la que ya hay médicos autóctonos en muchos lugares, no les gusta que vayamos nosotros".

Y nos cuenta una anécdota interesante: "Fausto Coppi cogió la malaria en el Alto Volta. Si se hubiera quedado allí, cualquier médico negro le hubiera curado su paludismo. Murió en Italia porque nadie pensó en ello".

Y también refiere algo impactante:

"Una patología frecuente por aquellos lugares es la conjuntivitis supurada. Les ponía penicilina, a la que ellos denominaban "el fetiche del médico blanco", y cuando se acababa, utilizaba agua destilada. Los primeros curaban, claro, pero los segundos, por mera autosugestión... ¡también!"

Este castellonero por elección personal, con aspecto de serenidad magna,

de un papá-misionero-aventurero-galeno-filósofo de aquellas películas de llollywood de los cuarenta-cincuenta, de mirada azul-helvética (su abuelo era suizo) y habla sosegada, contesta a su particular lucha con argumento humano: "Mi aventura es fruto de los buenos sentimientos".

En cuanto a la familia, a su mujer, nos la muestra solidaria, comprensiva y compañera: "Cuando me tenía que ir por primera vez a Camerún, no sólo no se enfadó, sino que al ir a decírselo había sacado los billetes de avión y me acompañó". Orgulloso, nos refiere: "nos condecoraron a los dos en Alto Volta, el pueblo, sus gentes, un 10 de Diciembre de 1983. Salimos en un programa de televisión llamado "Vivir cada día"".

El Dr. Massotti resuelve con frase de Merte D'Auvigne una meditación a los postres: "No puede haber libertad si no hay, desde abajo, buena educación". Y mediatiza algunos porqués: "Hay dos tipos de hombres que nunca se verán hartos: los que quieren saber y los envidiosos".

Con respecto a la Medicina actual, expone un pensamiento mordaz e irónico: "La burocracia está distanciando al enfermo del médico. La culpa la tienen los chinos, que fueron los que inventaron el papel (a pesar de ser un pueblo sabio)".

Y sonriendo, apaciblemente, como si al apurar el café se sorprendiera de si mismo, concluye: "Acabo de descubrir que en casa... se está muy bien".

Dr. Massotti, D. Angel sus compañeros médicos castellonenses /C mandan un abrazo admirativo de todo corazón. Hasta siempre, amigo.

JOSÉ Mª MULET PASCUAL

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