AB : Inversión Estrella del Trimestre

En los momentos de fuertes crisis de los mercados siempre surgen tres preguntas: ¿debo desinvertir ahora para protegerme de la caída y volver a entrar cuando los mercados se recuperen?, ¿ Debo modificar el perfil de riesgo que en su momento se determinó y hacerme más conservador?, ¿cómo puedo limitar el riesgo de los mercados en las inversiones pendientes de realizar?

SIXTO J ORTEGA BRICIO.

No hay una única respuesta pero si que existen conceptos generales basados en largos periodos de evolución de mercados que ayudan -y mucho- a no perder dinero ni tiempo.

El primer concepto, que no por repetido es siempre asumido, es que la inversión en los mercados financieros se realiza con una expectativa de medio y largo plazo.

En los últimos años los mercados se han visto sacudidos por sucesos que han provocados fuertes incertidumbres. A la crisis del golfo de 1990 le siguió el fallido golpe de estado en Rusia del 91. El año 92 se caracterizó por el "huracán" de las divisas europeas donde monedas que hoy se consideran fuertes y estables eran vapuleadas sin misericordia. La crisis económica del 93 tuvo su colofón en 1994, donde la prima de riesgo de los mercados españoles era 10 veces mayor a la actual y ya, en 1997, la crisis asiática que contagia a todos los mercados y que aún hoy está pendiente de cerrar. A pesar de semejante rosario de sucesos el Ibex-35 se ha multiplicado en estos ocho años por dos y otros índices internacionales, con más tradición y volumen como el Dow Jones, lo han hecho por tres.

El segundo concepto a considerar es que es imposible adivinar cuando se producirá un crash en el mercado y por tanto es imposible entrar y salir en los puntos óptimos y realizarlo de forma constante.

Esta operativa puede llevar al inversor a perderse jornadas que en los mercados son claves y que impactan directamente a la rentabilidad. Los mayores incrementos tienden a ocurrir justo antes y después de las correcciones de los mercados. Perderse alguno de esos días puede llevar a sufrir un fuerte detrimento en la rentabilidad de la inversión.

El tercer aspecto es -que aunque lo parezca- los mercados y los valores no se mueven todos igual. Por tanto, la diversificación limita los niveles de riesgo y ayuda a maximizar la rentabilidad. Si analizamos tres mercados distintos, EE.UU, Japón y Alemania, observaremos cómo su comportamiento en los últimos cinco años no sólo no ha sido idéntico sino que sus resultados han sido divergentes y complementarios.

Finalmente, la determinación de un perfil de riesgo no debe venir marcado por la evolución de los mercados. Ni cuando el comportamiento de éstos es excelente se debe afilar la pirámide en su posición más agresiva, ni cuando las caídas son continuadas se debe ensanchar engrosando su base. El perfil de riesgo debe venir marcado por las necesidades y situación personal del inversor. Sólo cuando éstas cambien su perfil debe ser modificado.

Como es habitual la recomendación final es que su Gestor analice conjuntamente con usted las dudas que tanto su diversificación como la evolución de los mercados le genere. El objetivo es, hoy como siempre, maximizar la rentabilidad de la inversión en el medio plazo minimizando su riesgo.

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