Occidente y el Guggenheim
En el Museo Guggenheim de Bilbao se está celebrando la exposición "China, cinco mil años". Con motivo de su inauguración la crítica manifestó su admiración hacia el arte y la milenaria cultura china a la que Occidente tanto debe, pues ciertamente sin la pólvora, el arte de imprimir y la aguja de marear, Occidente no hubiera sido el mismo. Puesto que el arte, como la música, la literatura, la religión, la filosofía o la ciencia, son elementos que traducen y a la vez configuran el saber y entender de los pueblos, es por lo que se explica que esta exposición al condensar un tan largo periodo de cinco milenios, es fiel reflejo de la evolución cultural seguida por el pueblo chino, con un arte, como se afirma, lleno de finura, elegancia, paciencia y una cultura dotada de sabiduría eterna. Informan que Bilbao ha conseguido con esta exposición -la mayor que se conoce dedicada a China fuera de sus fronteras- ser polo de atracción cultural a nivel mundial, alcanzando cifras record de visitantes, entre ellos una nutrida intelectualidad, lográndose además de considerables beneficios económicos, que el País Vasco, gestionando su cultura, consiga otra imagen. Este articulo responde al hecho de que esta exposición, tomada como resumen de lo que China ha sido, lo que ha supuesto y lo que de ella se espera para este próximo siglo, viene a celebrarse en nuestro ámbito, en Occidente, justo ahora a la entrada de nuestro tercer milenio, cuando Occidente debate con tal motivo sobre su identidad, sobre sus aciertos y sus errores, por lo que es el momento oportuno para una mutua referencia entre las dos culturas. |
Esta simple y aparente diferencia entre el pensamiento oriental y el occidental, esta distinta manera de comprenderse a sí mismo y al entorno, abrió un abismo entre las dos culturas, repercutiendo en todos los órdenes de la vida. Ahora que con el cambio de milenio, Occidente, con sus remordimientos, advierte que no todo ha sido correcto en su trayectoria, ahora que se debate sobre cuál es el mejor y más conveniente de los caminos a seguir, ahora que en nuestro propio seno se alzan culturas alternativas, muchas de ellas con verdadero anhelo de lo oriental, ahora es cuando, si se han de dar golpes de timón para variar comportamientos, se ha de reflexionar si las herramientas intelectuales que utilizó Occidente en la cimentación y construcción de su cultura y su pensamiento aún le resultan válidas, y sobre todo, reflexionar el por qué y desde cuándo Oriente y Occidente se hicieron divergentes. EL PENSAMIENTO OCCIDENTAL Durante un millón de años la naturaleza y sus fenómenos fueron impenetrables para el hombre, por lo que para explicarlos tuvo que recurrir a lo sobrenatural y mitológico. Hace dos milenios y medio recapacitó que quizá la explicación de todo estaba en las mismas cosas, por lo que habría que observarlas y estudiarlas olvidándose de los dioses. Este cambio de actitud hacia el entorno daría lugar a la utilización de la razón y ello ocurrió en la antigua Grecia. Ninguna otra civilización había dado tal paso. |
| Tomar a China como punto de referencia, o a Oriente
en su conjunto, si se prefiere, no presupone lo que en realidad sería un falso debate:
ver en cual de las dos culturas se han seguido caminos mas convenientes para lo que
siempre ha sido finalidad en el hombre, el introducir en el ámbito de su entendimiento la
comprensión y verdadera naturaleza de las cosas, del Universo que las contiene, así como
comprenderse y definirse a sí mismo, para con todo ello marcar pautas de comportamiento. Entendida así dicha finalidad, si que existen grandes diferencias entre Oriente y Occidente, pero el debate, de producirse, no debería suponer confrontación, dado que Occidente, su cultura, no es algo poseído ni desarrollado caprichosamente, sino que es el resultado evolutivo de culturas precedentes, y la evolución nunca sigue un diseño previo, siempre es obra del azar y la necesidad. Lo que tenemos, pues, no podía ser otra cosa. El hombre oriental se considera integrado dentro de un orden cósmico superior y sobrenatural; él y la naturaleza constituyen un todo, en cambio para el occidental la noción adquirida por sí mismo, de individuación, de individuo, le hace permanecer y sentirse bien diferenciado de la naturaleza, de las cosas y del universo que las contiene. |
![]() |
Dado que la observación conlíeva el que el sujeto que observa y la cosa observada son dos entes bien distintos y diferenciados, el hombre griego al decidirse a observar asumió que de una parte era él y de otra la naturaleza. Esta fue la razón de la divergencia entre el hombre oriental y el occidental, puesto que el oriental nunca llegó a segregarse de su entorno y de las cosas, siempre se consideró a sí mismo y a la naturaleza constituyentes de un todo de orden superior y espiritual, tanto a nivel terrenal como cósmico, lo que marcaría a sus tres religiones: el Budismo, el Taoísmo y el Confucionismo. A la razón griega utilizada como herramienta del saber, se le añadirían posteriormente los valores teológicos, y los laicos de la Ilustración que aún nos distanciarían más del pensamiento oriental. El concepto de Creación de San Agustín aportaba que todo había sido creado, y dado que lo creado queda desgajado e individualizado de su creador, el hombre, al ser también creado, su individuación le concedía capacidad de decisión propia, le dotaba de libre albedrío, haciéndole responsable de si mismo. Ni Grecia ni Roma advirtieron la Creación. En el siglo XVIII, la Ilustración hizo ver, ante los éxitos científicos del siglo anterior, cuando quedaron demostradas y explicadas las leyes que gobiernan el Universo, que eran los conocimientos, el saber, la razón, lo que definitivamente engendraría un hombre liberado de poderes, con plenos derechos y obediencia a las leyes de la Naturaleza. |
| La
Revolución Francesa, fruto sociopolitico de la Ilustración, supuso una reivindicación
violenta de estos valores. De este modo Occidente, con el cambio de actitud de pensamiento de los griegos, con valores teológicos y laicos añadidos, ha dado lugar a un hombre, a diferencia del oriental, libre, diferenciado de Dios, del Universo y de la Naturaleza. Así pues, libertad, derechos humanos y democracia no pueden entenderse y defenderse sin antes hacerlos inherentes a la principal condición humana: su individuación. El llamado individualismo del hombre occidental tiene de esta manera acreditadas sus razones. LOS VALORES DE LA CIENCIA La utilización de la razón mediante la observación no resultó suficiente para mostrar lo que de certeza y verdad existía en las cosas, por lo que hubo necesidad de interrogar más directamente a la naturaleza, recurriéndose a algo muevo, la experimentación. La observación y experimentación proveían de datos, de conocimientos, y éstos creaban conjeturas, porqués, interrogantes, que hicieron surgir las hipótesis y éstas a su vez hubo necesidad de hacerlas demostrar para que adquirieran el principio de certeza y universalidad. Occidente había creado un método fiable, digno de la inteligencia y máximo exponente de la utilización de la razón, el método hipotético-deductivo, en el que el juego entre lo inductivo y lo deductivo dio paso a la ciencia y a la filosofía de la ciencia. La bomba atómica, el transistor, las vacunas, los trasplantes de órganos, la donación, los alimentos transgénicos, la llegada a la luna, Internet, el concepto de evolución y con ella el que procedemos de un mono, ejemplifican las capacidades de la ciencia y la tecnología, como resultado directo de aquel primer paso dado por los griegos hace dos mil años. Quien encumbró definitivamente a aquel griego observador fue Einstein, su teoría de la relatividad demostraba que el espacio-tiempo, que es lo mismo que decir las cosas, variaba sus valores según fuera la observancia. Lo que no pudo prever el griego era que de él dependía en buena medida la realidad. EL ARTE Puesto que el Guggenheim ha motivado este artículo, debemos referirnos al arte por lo que de influencia tuvo en el pensamiento y en la ciencia de Occidente. Durante el Renacimiento, con la mirada puesta de nuevo en las cosas, éstas, al intentar ser plasmadas en el lienzo le crearon problemas al pintor. Eran problemas de intelección del espacio, problemas de perspectiva, de profundidad, de volumen, como consecuencia de que el lienzo, un plano, por tanto con dos dimensiones, tenía que albergar la realidad espacial que tiene tres. Fue algo así como querer introducir a Euclides en el cuadro; lo que consiguieron los pintores renacentistas fue impregnar de pragmatismo el espacio euclidiano. El pintor renacentista al plantearse y resolver problemas del espacio se adelantó a la ciencia que hasta finales de este último siglo no intuyó la disposición espacial de la estructura de la materia. |
El científico debe al arte, en gran medida, su familiarización con las coordenadas espaciales, y fueron éstas las que inmortalizaron a tres colosos: Galileo, Newton y Einstein; pero lo que no pudieron imaginar ni Euclides ni los artistas del Renacimiento es que Einstein partiendo de esas mismas coordenadas demostraría que el espacio, junto a la otra dimensión añadida, el tiempo, eran curvos, algo que sin duda hubiera complicado sus planteamientos. Si escrutamos detenidamente el presente y el pasado de Occidente, si se reflexiona sobre las líneas de pensamiento aportadas, se encontrarán en él valores aún válidos para seguir progresando; otra cosa es si se saben aprovechar. Occidente es el principal referente en el mundo actual, unos están adscritos, otros lo intentan y otros lo combaten. Oriente dio lugar a un hombre contemplativo y respetuoso con la naturaleza. Occidente, con su razón, ha originado un hombre critico. Conjugar valores de ambos sería integrador para el hombre actual. VICENTE MURIACH JULIÁN Médico Reumatólogo |